Crédito y tasas de interés en dólares
Las autoridades deben replantear sus políticas preventivas para controlar el riesgo crediticio de las entidades bajo su supervisión
Si la crisis golpea las exportaciones y, además, merman las entradas de capital, el tipo de cambio podría afectar la tasa efectiva de los préstamos en dólares
¿En qué moneda convieneendeudarse: dólares o colones? ¿Cómo deben las autoridades conducir la política crediticia para coadyuvar a la toma de decisiones? Antes de responder, todo deudor potencial debería, primero, decidir si del todo le conviene adquirir deudas en las circunstancias actuales, matizadas de gran incertidumbre. Si la respuesta es sí, puede, entonces, proceder a indagar cuáles son las opciones de crédito ofrecidas por las entidades financieras en moneda nacional o extranjera. Las autoridades deben replantear sus políticas preventivas para controlar el riesgo crediticio de las entidades supervisadas en las circunstancias actuales.
Tradicionalmente, han existido grandes diferencias entre las tasas activas y pasivas en dólares y colones, siendo las primeras más bajas que las de moneda nacional. En buena teoría, la devaluación esperada del colón, medida por las variaciones en el tipo de cambio, tendía a compensar las diferencias en las tasas de interés, por lo que la tasa efectiva de un préstamo (o depósito) en dólares resultaba más elevada que la mera tasa nominal de interés. Además, se sumaba la denominada “prima por riesgo país”, razón por la cual la diferencia entre las operaciones en dólares o colones tendía a disminuir. Las minidevaluaciones programadas por el Banco Central hacían el sistema más o menos predecible, pero, con el advenimiento de las bandas y la eventual liberación cambiaria, las cosas empezaron a cambiar.
Las expectativas de devaluación juegan ahora un papel más relevante. Con la crisis financiera internacional, la política monetaria de los países desarrollados se volvió más expansiva, cayeron las tasas de interés, y muchos capitales han venido migrando a los países en desarrollo en busca de una mayor rentabilidad. Eso ha influido en el tipo de cambio a la baja y, por tanto, en la tasa efectiva de las operaciones denominadas en moneda extranjera. La demanda de crédito en dólares al sector privado han aumentado significativamente (17%), pero los depósitos en esa moneda, en cambio, han tendido a disminuir (-10%) por la menor rentabilidad, tal y como documentamos en nuestra edición del pasado miércoles.
Para responder a la mayor demanda de crédito se habría pensado que los bancos tenderían a mejorar la rentabilidad de los depósitos y estimular el ahorro. Pero escogieron subir las tasas de interés activas (préstamos), incrementando el margen de intermediación financiera y la respectiva rentabilidad. Las tasas de interés que cobran los bancos estatales por las operaciones de crédito (vivienda) han subido levemente, de 9,43% en noviembre pasado a 9,84% en enero, y las de los bancos privados también lo hicieron en un porcentaje similar (de 8,32% a 8,68%). Para otras operaciones en dólares, incluyendo consumo, las tasas activas también se incrementaron levemente. Parte del incremento se debe al aumento de encajes decretado a finales del año pasado, en lo que se denomina un aumento no repetitivo. Pero eso no significa que las tasas no puedan subir más en el futuro, dependiendo de la evolución de la economía nacional e internacional. He ahí el riesgo para los deudores privados y un reto para las autoridades.
Si la crisis de la eurozona golpea las exportaciones de bienes y servicios (turismo) costarricenses, y si, además, merman las entradas de capital, como han advertido los organismos internacionales y el propio Banco Central, el tipo de cambio podría aumentar y afectar la tasa efectiva de los préstamos en dólares. En esas circunstancias, los deudores podrían verse afectados y, también, las propias entidades financieras por la morosidad sobreviniente. Por esa razón, los deudores cuyos sueldos o ingresos están denominados en colones tampoco deberían endeudarse en otras monedas. En eso ha sido siempre clara la Sugef, aunque los bancos comerciales, acostumbrados a que el Banco Central asumía el riesgo cambiario, hayan resistido tradicionalmente la normativa que debería, incluso, ser ahora más estricta por el riesgo sistémico involucrado.
Cuando un país decide mantener su propia moneda –el colón en nuestro caso– las políticas monetaria y crediticia deben privilegiar la estabilidad, para que tanto acreedores como deudores tengan una moneda de referencia común, confiable y fuerte. Lo importante, desde el punto de vista del interés nacional, es que el Banco Central pueda reducir más la inflación, hasta llevarla a los niveles internacionales, para que las tasas de interés (reales y nominales) bajen hasta ubicarse en niveles compatibles con los prevalecientes en el mercado internacional. En esas circunstancias, tanto deudores como acreedores se verían favorecidos al denominar sus operaciones en colones, prescindiendo de las vicisitudes del tipo de cambio y las entradas de capital. Si no se pueden controlar las variaciones cambiarias, debe, al menos, garantizarse la estabilidad crediticia.





